Los Critical Legal Studies y los Infrarrealistas

el segundo Jhering, pasando por Kantorowicz y la Escuela del Derecho Libre, la Jurisprudencia de Intereses de Philipp Heck, el Institucionalismo Jurídico, o el Realismo Norteamericano, hasta las distintas corrientes de Crítica Jurídica que al día de hoy revitalizan la concepción del derecho, basten para ejemplificar lo aducido. En el vasto universo de la literatura, la mirada de un grupo de artistas que han huido de ese edulcorado romanticismo que, muchas veces, conlleva el propio trabajo de creación ególatra y populista que exige la industria literaria, resulta indispensable para entender el destierro del dogmatismo que tradicionalmente dominaba al canon narrativo. Nombres como los de Arthur Rimbaud, Baudelaire, Lautréamont, Sade, Alfred Jarry, Mallarmé, Paul Verlaine, o más recientemente Bukowski, Pizarnik, y Nicanor Parra, sirvan para referir una imagen, muy somera, de lo afirmado. Lo que supuestamente se adopta como inequívoco, la disidencia, y el solo hecho de comenzar a forjar una posibilidad distinta de la oficial, funcionan como impulso de la historia propiciando —junto a la crítica y la creatividad— un sinfín de nuevas representaciones, las cuales irán procesando ideas que madurarán para desplegar su potencial. En ese sentido, encuentro algunos rasgos y elementos importantes para equiparar al movimiento de los Critical Legal Studies en teoría del derecho con el del Infrarrealismo en el campo de la literatura.

  1. Bolaño y los Infrarrealistas
Fue un chileno radicado en España quien escribió la mejor novela mexicana en los últimos tiempos. Roberto Bolaño a través de Los Detectives Salvajes plasma una cartografía infinita donde concurren una serie de personajes que emprenden un viaje donde lo primordial no es el destino. Según él mismo, dicha novela trata sobre la aventura, que siempre es inesperada. Para otros trata sobre la juventud y el tránsito a la madurez, sobre lo que significa ser joven. Para otros es un elogio y, al mismo tiempo, una parodia de las vanguardias latinoamericanas. Para otros es sobre el perderse y encontrarse. Para otros es sobre México. Para otros sobre la poesía. Para otros sobre la vida misma, que es lo mismo que la poesía. Para otros muchas otras cosas más. Para mí, trata sobre la amistad y el valor de la misma. Los Detectives Salvajes cuenta la historia de un grupo de amigos. Un grupo de poetas que no escriben poesía. Unos artistas cuya mayor obra de arte es su propia vida llevada hasta las últimas consecuencias. En el libro, bajo el pseudónimo de los “Real-visceralistas”, Bolaño narra las aventuras del movimiento literario que lideró junto con el poeta Mario Santiago, el de los Infrarrealistas; un grupo surgido en México en los años setenta, con el objetivo de alborotar el ambiente artístico y manifestarse contra las principales tendencias literarias. Proponiendo un modo distinto de pensar y hacer poesía, los Infrarrealistas antes que por el contenido de sus obras, llaman la atención por su vocación artística y por su arriesgada apuesta por entender la vida confundiéndola y difuminándola con el arte. Sin dejar más que acaso algunos rastros de su producción, el grupo permanece intermitente entre la vagancia y la bohemia acrecentando su peligroso carácter de leyenda. Anécdotas que oscilan entre el sabotaje de los recitales de Octavio Paz, la publicación de su manifiesto fundacional en una revista de difusión confidencial, o largas noches de fiesta, dibujan a los Infrarrealistas quienes apuestan por un lenguaje “que fuera capaz de expresar sus contradicciones, que denunciara sus profundas desigualdades, pero que fuera capaz también de sacudir la rutina y abrir perspectivas a cada uno en su existencia cotidiana”.[1] No se puede concluir que este grupo de poetas sean propiamente una corriente, o un movimiento bien definido, o una categoría particular dentro de la literatura mexicana (de hecho hay algunos que tachan a los “Infras” más de un cariz ficticio que real). Sin embargo, después del éxito de Roberto Bolaño como escritor, la rehabilitación los Infrarrealistas ha hecho no solo que sus ánimos sean entendidos como un elemento precursor en la génesis de otros fenómenos vanguardistas y revolucionarios, sino que se publiquen tanto antologías como estudios al respecto que develan la necesidad de evidenciar “no tanto, o no sólo, la importancia de la buena poesía en sentido más general, sino más bien la necesidad de ser poeta en la vida y con la vida para revolucionar así el panorama de las letras”.[2]
  1. Los Critical Legal Studies (CLS)
Por lo general lo que se conoce sobre los Critical sería lo siguiente: que analógicamente serían como un gran paraguas que aglutina posturas demasiado heterogéneas; que son demasiadas cosas que terminan por no ser ninguna; que son un contradictorio conjunto de activistas que se creen muy académicos y de académicos que se creen muy activistas; que son el bagaje de una izquierda anacrónica buscando sobrevivir a la modernidad; y así un cúmulo de laxos epítomes lapidarios que siempre terminan por develar una perspectiva peyorativa y despectiva hacia los mismos. Albert Calsamiglia, en uno de los artículos más agudos y agresivos contra los CLS en lengua castellana, publicado a finales de los ochenta,[3] realiza una lectura en la que contrasta el modelo español de enseñanza jurídica con el estadounidense, en donde concluye que los CLS son producto de una coyuntura política local donde además hay carencias filosóficas y conceptuales graves. He aquí los principales argumentos:
  • En sus textos se encuentran más slogans que argumentos subordinados a la fe, confundiendo al lector y reclamando que deben ser tomados en serio, cuando ellos no hacen lo mismo con sus interlocutores.
  • La actitud de los Criticals se asemeja con la de un hombre primitivo que no entiende los fenómenos de la naturaleza, que no encuentra ninguna lógica y que no hace esfuerzo por entender lo que le rodea, pues tiene la impresión de no formar parte del público con el que éstos pretenden comunicarse.
  • Los defensores de los CLS son en su mayoría americanos que no pueden apreciar el valor de la democracia y así su objetivo legal y político es la crítica del liberalismo, cuando el liberalismo no ha prestado demasiada atención al desafío del movimiento.
Cuando quienes afirman que las diatribas y las burlas hacia los CLS siguen tan vigentes como desde hace dos décadas o inclusive que el proyecto se encuentra en franca decadencia, valdría la pena tener presente dos premisas. La primera: el factor de la génesis del movimiento como un recatado esfuerzo para otorgarle a una élite jurídica armas para un cambio social, se ve supuestamente mermado —dicen— por una falta de continuidad en su línea de acción y una carencia propositiva frente a sus perennes críticas destructivas. Esto deja de lado que la esencia de los CLS es ciertamente su comienzo, es decir su carácter académico, entendiendo al mismo como un territorio plural e incómodo en inmutable batalla con él mismo, fiel representante de identidades fluidas y fragmentadas con la paciente misión de concretar profundos cambios generacionales. Entonces, al haber pasado ya un lapso de tiempo considerable desde aquellas manifestaciones más fervientes, es posible suponer que justamente la atomización de sus ideas fue segregando otras sucesivamente hasta confluir en modelos, creencias o ideales que hoy son destellos de lo originariamente ideado. Por ejemplo no es factible comprender el impulso de algunas corrientes contemporáneas (como los movimiento queer, feministas, o de raza), sin la existencia de las disparatadas ideas sembradas paciente y subversivamente por los CLS. La segunda: El factor difusivo anclado fatalmente, para su ambivalente fortuna y desgracia, al escenario estadounidense; las criticas respecto a que es un movimiento exclusivamente local, encuentran defensa en que la principal obra en Hispanoamérica para abordarlos sea una tesis doctoral[4] publicada justo cuando se suele distinguir su ocaso a mediados de la década de los noventa. Si los CLS siguen estudiándose y provocando acaloradas discusiones no es precisamente por incomprendidos o por encontrase en plena caída libre desde hace varios años, sino porque existe hacia ellos una gran deuda intelectual respecto al atraso en su difusión, lo que exactamente niega su decadencia.
  1. Lo perdurable, lo absurdo y lo entrañable
Se tiene la sospecha de que las obras de los rebeldes y subversivos, de los enigmáticos e imprecisos se mantienen involuntariamente vivas por su sinceridad y sus ganas de manifestarse contra lo que la mayoría ve como lo normal. Equiparar un grupo radical de poetas dentro de la escena cultural mexicana a la de un movimiento de ¿filosofía del derecho? en el contexto político y social estadounidense, no parecería prudente; sin embargo cuando se pretende actuar como si se quisiera recuperar el tiempo perdido, es posible imaginar que tal vez un estudio en donde también quepan los disidentes y los vencidos y donde se reconstruyan y actualicen sus ideas, nos pueda dirigir hacia otros destinos. Independientemente de que ahora solamente quedan residuos anuales en formas de conferencias, las ideas de los Criticals nunca serán carentes de importancia y en cualquier tiempo se encuentran listas para ser reanudadas, pues a pesar de que están expuestas en un contexto determinado, la problemática atañe a cualquier sistema jurídico, ya que atacan directamente al núcleo de uno de los principales problemas del derecho: su enseñanza. Haciendo una analogía, algo parecido podría decirse también de los “Infras”, pues sus esfuerzos más allá de centrarse en criticar una forma de escribir poesía, se enfocaron en proponer, vivir, entender de manera diferente una concepción sobre el arte. Tiene razón Juan Villoro cuando afirma que lo absurdo no está peleado con lo entrañable. [1] BOLZMAN, Claudio, “Roberto Bolaño, Mario Santiago y Los detectives salvajes”, en El Canillita digital, No. 64, octubre-noviembre, 2003. [2] BOLOGNESE, Chiara, “Roberto Bolaño y sus comienzos literarios: El infrarrealismo entre realidad y ficción”, en Acta Literaria No. 39, II Sem. (131-140), 2009. [3] CALSAMIGLIA, Albert, “La retórica de Critical Legal Studies. Impresiones de un lector español”, en Doxa nº 11, 1992. [4] PÉREZ LLEDÓ, Juan Antonio, El movimiento Critical Legal Studies, Tecnos, Madrid, 1996.]]>

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