populismo penal

POPulismo PENAL

POPulismo Penal

Diego Labougle

Quiero comenzar diciendo que nada de lo que voy a decir aquí es algo nuevo, el populismo penal es tan antiguo como las cárceles o quizás más y es, además, un problema de las sociedades en decadencia en todo el mundo. 

Tengan cuidado cuando su gobernante empiece a sugerir que la única solución es aumentar las penas o militarizar la seguridad pública, pues esto es una clara indicación de que se encuentra rebasado, de que la situación está fuera de control y de que no tiene un plan real para enfrentar el problema.

Teóricamente puede pasar que en alguna entidad particular y por alguna circunstancia muy extraña exista una verdadera necesidad de intervención de las fuerzas armadas o que se hayan reducido de forma extrema algunas penas y sea necesario ajustarlas, pero todo esto es extremadamente raro.

En realidad, lo que pasa es a los legisladores y gobernantes los alcanza el reclamo social de seguridad y justicia; y encuentran en el populismo penal una respuesta rápida y aparentemente “contundente”. En su persecución de votos buscan mandar una señal de que les importa el problema, de que quiere solucionarlo, pero el fondo sabe que el populismo penal no tiene ningún impacto real en la inseguridad y solo está comprando tiempo para heredar el problema a alguien más.

De nada sirve utilizar a las fuerzas armadas mientras no se resuelvan los problemas de la seguridad civil, mientras no se resuelva corrupción, los bajos salarios, los turnos inhumanos; es decir, mientras no resuelvan los problemas estructurales detrás del fracaso de las policías, militarizar la seguridad pública, comprar patrullas nuevas y armas largas o solo aumentar número de policías es, a mediano y largo plazo, un esfuerzo nulo y un desperdicio de recursos humanos, económicos y materiales.

Lo mismo pasa con aumentar indiscriminadamente las penas, mientras las cárceles sigan siendo los espacios con la mayor corrupción y gobernados por el crimen, mientras la probabilidad de identificar a los responsables de los delitos sea tan baja, mientras la capacidad de coordinación interestatal e interinstitucional sea tan limitada, mientras el análisis y la  inteligencia basada en datos sigan sin ser la base de las investigaciones de criminalidad compleja y mientras sigamos sin programas efectivos de reinserción, rehabilitación o readaptación social. Entonces, al aumentar las penas, en lugar de reducir el crimen lo estás fortaleciendo.

Es muy fácil pensar cuando uno o algún conocido o familiar es víctima de un delito que lo mejor es que los criminales “se pudran en prisión”. Es muy difícil, y se requiere mucha introspección y algo de información y preparación, para reconocer que ningún sistema de justica es perfecto, que en tanto la criminalidad es un problema sistémico, todos somos algo criminales y que la prisión no está llena de “malandros” sino que está llena de pobres y de minorías. En ese sentido, aumentar las penas es lo mismo que aumentar la desigualdad y en este país ya tenemos demasiada desigualdad. De izquierdas y derechas, de conservadores y liberales, el populismo penal así entendido no es más que otra campaña política basada en el miedo y la ignorancia… ¡cuidado con el populismo penal porque su próxima víctima podrías ser tú!

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